El duende de la diversión y su amigo Roberto.

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Hoy os hablo de un cuento especial. Está escrito e ilustrado por una conocida, Evi Coldboat. Fue ni más ni menos su Proyecto de Fin de Carrera, y con el tiempo lo ha publicado con la editorial BABIDI-BÚ.

Conocemos a Roberto, un niño que tiene de todo. Todos los juguetes y todo lo que se le antoja lo consigue, ya que sus padres no dudan en comprárselo. Sin embargo, Roberto no es feliz, se aburre. Solo logra divertirse cuando sale a la calle y rompe papeleras, tira piedras a las farolas o molesta a los animales que se encuentra. Nuestro protagonista mantiene esa actitud en el colegio, haciendo rabiar a los más pequeños, peleándose con sus compañeros etc.

Un día Roberto está tirando piedras a un pajarillo que intenta beber de la fuente del colegio, cuando un niño se le acerca para jugar con él. Al hacer llorar a niño, algo cambia en Roberto, empieza a sentirse mal y hacerse preguntas. De vuelta a casa decide pasear por un bosque cercano para calmarse antes de regresar a casa. Será entonces cuando conozca a un duende y a otros seres fantásticos que le harán replantearse todo.

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Este sencillo cuanto nos habla sobre esas llamadas de atención de los niños que a menudo los adultos no sabemos escuchar o interpretar. También habla de la empatía, la capacidad de reconocer nuestros errores y pedir perdón por ellos. Al final, además, encontraremos algunas sugerencias y preguntas para comentar el cuento con los más pequeños. En definitiva, una curiosidad muy curiosa.

Y colorín colorado, esta entrada se ha acabado.

Off topic: me temo que mis publicaciones van a ser un poco irregulares en el tiempo a partir de ahora. No llego a todo. En las redes, principalmente Facebook e Instagram, iré intercalando con el recuerdo de títulos ya recomendados. Gracias por asomar.

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Chusco, un perro callejero.

 

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Hoy os hablo de unos de esos títulos que descubro a veces de casualidad en mis visitas a la biblioteca. Se trata de “Chusco, un perro callejero”, perteneciente a la colección “Cuentos para sentir” de la editorial sm, destinada a enseñar a los más pequeños a comprender y gestionar sus emociones y estimular su creatividad.

Chusco es un perro callejero viejo y mayor que pasa desapercibido para todo el mundo. Bueno, afortunadamente no para todos, porque una noche de invierno en la que Chusco está muerto de hambre, temblando de frío y sin fuerzas para moverse, se le acerca su amigo Pirata, un perrete simpático que lo visita con frecuencia. Al ver cómo está su amigo, busca ayuda y va corriendo la voz entre los amigos que se va encontrando: el gato Michino y el ratón Chitón. El despliegue de ayuda llamará la atención de algunos humanos, que no se quedarán de brazos cruzados al descubrir lo que está pasando…

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La historia se nos presenta en una edición de tapa dura, con textos sencillos, ilustraciones grandes que cuentan por sí solas, y un póster con propuestas de actividades para el niño que no puedo mostrar porque no lo tenían en la biblioteca.

Estamos ante un cuento lleno de valores. Chusco nos habla de segundas oportunidades, de solidaridad, de dar un hogar a un animal que lo necesita, por lo que lo recomiendo sin dudar.

Y colorín colorado, esta entrada se ha acabado.

Pequeños grandes momentos de felicidad.

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Hoy os hablo de uno de esos libros por los que tengo auténtica debilidad y que descubrí casualmente en una librería. No es un cuento propiamente dicho, sino una especie de catálogo en la que un niño y una niña enumeran, como indica el título, sus pequeños y grandes momentos de felicidad.

En estos tiempos que corren me parece bonito y necesario transmitir a los niños que hay momentos especiales que pasan desapercibidos cuando en realidad son auténticos placeres vitales si sabes disfrutarlo o ser consciente de que están teniendo lugar.

Y de eso se encargan en esta pequeña joya Mabe con sus ilustraciones y Teresa Ramos con sus breves textos: ayudar a encontrar la felicidad en pequeñas cosas cotidianas. Así, descubriremos el placer correr para llegar al parque y sentir el viento en la cara; el abrazo sincero de un amigo; superar un reto o encontrar un juguete que estaba perdido; pintar con los dedos o el olor a chocolate caliente, etc.

Creo que este es uno de esos casos en que una imagen vale más que mil palabras, así que ahí os dejo unas cuantas de esta joya.

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Como actividad para trabajar con los niños os diré que funciona de maravilla, y eso que lo he usado en un taller que nada tenía que ver con la lectura, empleando los últimos diez minutos del tiempo de que disponía. Pregunté a los niños cuál era su momento favorito del día, el porqué. Les hablé del mío y de las pequeñas cosas que me gustan del día a día. Funcionó. Pensaron en ello y se quedaron con ganas de más. Algunos tomaron la iniciativa de llevar a cabo una especie de diario donde apuntar cada día el mejor momento que han tenido. Con eso os lo digo todo.

Y colorín colorado, esta entrada se ha terminado.

¡Estoy aquí!

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Vuelvo tras este paréntesis con una bonita recomendación cuyo origen se encuentra en una anécdota infantil con la que me sentí identificada, pues me pasó algo muy, muy parecido cuando iba al cole. Cuenta Vanesa Díez que, con seis años, le perdió una goma a una compañera de clase. Para compensarle, le pagó una moneda, y la compañera empezó a pedirle dinero cada día. La situación llegó a hacerse insostenible, alertando a la madre de Vanesa, que le enseñó que afrontar los problemas siempre es mejor que ignorarlos, porque la evitación no solo no es solución, sino que puede empeorar las cosas.

De eso precisamente habla el cuento escrito por Vanesa Díez e ilustrado por Beatriz Marín. Conocemos a un simpático elefante que aparece en medio de una calle. Es de tamaño mediano, pero nadie parece verlo. Los días van pasando, y el elefante va creciendo, pero sigue siendo ignorado, nadie parece verlo, seguramente porque si lo vieran resultaría incómodo implicarse, atenderlo, cuidarlo, o incluso llevárselo a otro lugar. Nuestro protagonista crece tanto que al final acaba taponando una calle, y es entonces cuando en el vecindario le prestan atención y debaten cómo solucionar la situación, ayudando al pobre animal y volviendo poco a poco todo a su cauce.

Me ha encantado este cuento, por su simbolismo, sus ilustraciones, la sencillez a la hora de hacer llegar el mensaje a los niños: la mejor solución no tiene por qué ser la que esperas y si te equivocas al dar una, siempre quedan otras soluciones por probar.

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“¡Estoy aquí!” pertenece a la colección “Me lo dijo un pajarito” de Emonautas, cuyos títulos incluyen una Guía para padres y educadores realizada por una psicóloga, Isabel Nieto. En este caso en concreto la guía me ha parecido de lo más acertada y completa, proponiendo juegos, dinámicas y orientando sobre cómo enfocar este tipo de situaciones con los pequeños. Ni que decir tiene que lo recomiendo fervientemente.

Y colorín colorado, esta entrada se ha terminado.

Si…

“Si puedes soñar-y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar-y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre
y tratar a esos dos impostores exactamente igual,
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,
O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas…”

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«Si…» es un poema escrito en 1895 por el Premio Nobel británico Rudyard Kipling (autor de El libro de la selva). Es una especie de testamento poético que le deja a su hijo, una hermosa y conmovedora forma de indicar el camino a seguir en la vida. El poema es considerado como un ejemplo de estoicismo victoriano. Ha sido versionado en numerosas ocasiones. En esta edición de Picarona, el texto se basa en la versión italiana del escritor Tiziano Scarpa y se acompaña de las ilustraciones de Alessandro Sanna. El resultado es una maravillosa edición en tapa dura para deleitarse en cada uno de sus versos e ilustraciones.

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No, hoy no os traigo un cuento al uso, os traigo un mensaje de vida de un padre a un hijo, un mensaje que trasladar a los niños y jóvenes con nuestra ayuda a la hora de interpretarlo (por eso, no lo recomiendo para todas las edades).

Como anécdota, comentar que el poema completo fue leído por Roger Federer y Rafael Nadal para un vídeo promocional de la final masculina de Wimbledon de 2008. Maravilloso e inspirador, y ahora en una edición preciosa.

Y colorín colorado, esta entrada se ha terminado, y yo me tomo unos días de descanso. Nos leemos a la vuelta. Gracias y Feliz Navidad.

¿A qué sabe la luna?

“Hacía mucho tiempo que los animales deseaban averiguar a qué sabía la luna. ¿Sería dulce o salada? Tan solo querían probar un pedacito. Por las noches, miraban ansiosos hacia el cielo. Se estiraban e intentaban cogerla, alargando el cuello, las piernas y los brazos. Pero todo fue en vano, y ni el animal más grande pudo alcanzarla.

Un buen día, la pequeña tortuga decidió subir la montaña más alta para poder tocar la luna”.

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El cuento que os traigo hoy no supone ningún descubrimiento. Se editó en 1999, pero hace unos años resurgió, por así decirlo, siendo todo un éxito entre los niños y convirtiéndose en todo un clásico. Pertenece a la colección “Libros para soñar” de la editorial Kalandraka.

A qué sabe la luna cuenta la historia de unos animales que querían averiguar a qué sabía la luna. Un día, una pequeña tortuga decidió subir a la montaña más alta para poder tocarla. Desde allí, en lo alto, parecía más cercana, pero no había forma. Entonces llamó a un elefante para que la ayudase a subir un poco más. Al ver el elefante que tampoco es suficiente, llama a la jirafa, la jirafa a la cebra, pero nada, la luna tiene ganas de bromear y se aleja cada vez un poco más… ¿Lograrán alcanzarla? ¿A qué sabrá?

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Este es otro de mis cuentos favoritos por numerosas razones. Sirva solo de ejemplo su cuidada edición, sus ilustraciones (acuarela sobre papel maché), la fórmula repetitiva empleada (fomentando la participación de los pequeños en el cuento), su mensaje: la ayuda y solidaridad, el trabajar en equipo para alcanzar algo que parece imposible.

Su final tampoco tiene desperdicio (a menudo las cosas están más cerca de lo que pensamos). Y bueno, hay multitud de actividades que se pueden hacer con él. Os dejo un pdf con los animales protagonistas para recortar y colorear y plastificar. Con cartulinas, papel aluminio y velcro podemos recrear el cuento y jugar con él. Muy recomendable.

Y colorín colorado, esta entrada se ha acabado.

El soldadito de plomo.

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Uno de mis clásicos favoritos es sin duda El soldadito de plomo de Hans Christian Andersen. Hay diversas ediciones para todos los gustos, y yo vengo a hablaros de una en particular ideal para niños con dificultades lectoras o alguna necesidad especial. Al estar orientado para los más pequeños, el final no es el original, pero en general es una adaptación muy fiel.

Como sabréis la mayoría, este simpático soldadito es creado por un artesano que, fabricando un ejército, se quedó sin plomo suficiente y el último ejemplar tuvo que conformarse con una sola pierna. El ejército es regalado a un niño, y cuando descubre al soldado diferente piensa que es porque es un valiente que perdió la pierna en alguna batalla, convirtiéndose en su favorito. El soldadito conoce a una bailarina haciendo equilibrio sobre un pie, y cree que también le falta una pierna, enamorándose de ella. Será entonces cuando el payaso bromista, también enamorado de la bailarina, piense en la forma de hacer que se vaya nuestro protagonista. A partir de ahí comenzará la aventura del soldadito, su lucha por la supervivencia…

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Me encanta esta historia de superación, valentía, amor y amistad, donde se muestra que los celos y la envidia no conducen a nada y que ser diferente no equivale siempre a tener limitaciones. Esta edición pertenece colección “Un mundo de cuentos” de RBA. Es en tapa dura con páginas impermeables y pictogramas que facilitan la comprensión lectora. Hay otra versión para personas con alguna discapacidad intelectual donde solo hay ilustraciones sencillas  (y preciosas). Pinchad aquí para saber un poco más de esta edición.

Y colorín colorado, esta entrada se ha acabado.